«Follies»


EL ESPECTÁCULO DEBE CONTINUAR
 
Libreto: J. Goldman. Música y letras: S. Sondheim. Dirección: M. Gas. Dir. musical: P. Pladellorens. Orquesta Manuel Gas. Reparto: V. Peña, M. Rius, C. Hipólito, P. Molina, A. Balaguer, Massiel, L. Mirabal, T. Vallicrosa, M. López, L. Valverde, J. Ruiz, M. Gas... Teatro Español. Madrid.

Qué hermoso epílogo: «Hay que vivir, hay que querer, hay que reír». Sonaría a pastel, a receta de autoayuda, si durante las tres horas anteriores no hubiéramos asistido a un carrusel sin concesiones llamado existencia, con su brillantina y sus harapos, una historia cargada de nostalgia, crueldad y resignación cantada por un maestro que hace musicales que no parecen musicales, Stephen Sondheim. La excusa elegida por el neoyorquino en «Follies» –cuatro décadas ha tardado en llegar a Madrid, inexplicable– es homenajear a su querida profesión, a través del viejo cabaret de variedades, un género en extinción. Pero hay más que eso en una historia cargada de brillo y decadencia.
 

«Follies» es un juego especular de sueños y decepciones que logra arrancarnos una sonrisa prolongada. El viejo teatro Weissman, que cierra para convertirse en párking y en el que se reúnen para verse una vez más sus viejas estrellas, es el edificio de la vida, como lo era el de otro reciente homenaje crepuscular a la vida entre bambalinas, «Tórtolas, crepúsculo y telón», de Nieva.Phillis y Benjamin, y Sally y Buddy, un juego de dobles parejas heridas por un pasado imperfecto llevan el peso de la historia.
«El amor tiene la desagradable costumbre de desaparecer», cantaba John Lennon, y eso les ha pasado. Magníficos, por igual, los cuatro protagonistas, con una inmensa Vicky Peña, pero también Carlos Hipólito y los menos conocidos en Madrid –injustamente–, Muntsa Rius y Pep Molina, un cuarteto de lujo que lo hace todo bien. Aunque, como buen homenaje, «Follies» reserva sus cinco minutos de gloria a todo el mundo, y en el largo reparto se descubre no sólo que Mario Gas dirige bien –muy bien–, sino que elige con bueno ojo: ver a Asunción Balaguer derrochar energía pese a su edad es un lujazo, como disfrutar del papelón de vedette francesa de Mónica López. No caben todos, y son muchos: Mamen García, Lorenzo Valverde, Linda Mirabal, Teresa Vallicrosa... Hay escenario para dar y tomar y saben brillar juntos (sobre todo, juntas), en números como «Qué bellas son». Sin olvidar al cuarteto «junior», los Phyllis, Ben y compañía de juventud a los que nos lleva Sondheim y que Mario Gas entrelaza con el resto en una feliz unión de pasado y presente. Marta Capel, Diego Rodríguez, Julia Möller y Ángel Ruiz encajan y funcionan a la perfección.

 
Se puede hacer otro tipo de gran musical, sin faltar a la calidad pero sin ceder a la complacencia del mercado. Y se puede hacer con presupuestos menores, como ya demostró Gas con otro Sondheim fabuloso, «Sweeney Todd». La única pega que s ele puede poner –por poner alguna– es que el libreto de Goldman tenga un algo de folletín. Y que no vaya a poder verlo todo Madrid. Desde aquí una invitación al Español: prorroguen. Este espectáculo debe continuar

Foto: Vicky Peña, rodeada de los «boys» de «Follies», en una escena del musical (Foto de Ros Ribas)

1 comentario:

  1. Espero una entrada sobre la salida de quien ha dado al teatro de Madrid más de lo que podemos imaginar. Mario Gas se larga, en realidad le largan, tras ocho años de gestión impecable al frente de un teatro que renovó de una manera asombrosa. Llega Natalio Grueso como recadito del PP madrileño al díscolo Álvarez-Cascos. Nada contra él, aunque prefiero a un hombre de teatro. La llegada de Ana Botella a la alcaldía es a Madrid lo que Álvarez-Cascos a Asturias. Si no, al tiempo. Como entrante, ya se ha cargado a la principal figura del teatro de esta ciudad. Nunca salimos del caciquismo de principios de siglo.

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