LA LETRA CON SANGRE ENTRAAutor: J. Ford. Dirección: D. Donnellan. Diseño: N. Ormerod. Reparto: L. Wilson, J. Gordon, J. Hawkins, S. Burden, L. Hopley, L. Spellman... Matadero-Naves del Español. Madrid, 11-4-2012. ★★★★★
Un argumento y un desarrollo como los de «Qué lastima que sea una puta» («‘Tis Pity She’s A Whore»), clásico habitual en los escenarios ingleses, parecen impensables en la tradición áurea española, por más que el incesto aparezca en «La venganza de Tamar», de Tirso de Molina, y otros textos. La pasión, consumada entre los hermanos Annabella y Giovanni –redondas las interpretaciones de los jóvenes Lydia Wilson y Jack Hawkins– recibirá, cómo no, su castigo, pero la gran tragedia del jacobino John Ford le da alas durante toda la obra y va más allá: es un amor puro, recíproco, se diría que necesario.
Con un texto tan complejo y arriesgado vuelve a sorprender esta nueva visita de esa enorme compañía que es Cheek By Jowl. Qué trabajo el de Suzanne Burden como la vengativa viuda despechada Hippolita; el de Laurence Spellman, el astuto criado Vasques; o el de Lizzy Hopley, como Putana, la alcahueta. Por citar sólo tres.
Detrás de ellos, un director para el que el actor no es un robot sino algo vivo, Declan Donnellan, pero que no se limita al elemento humano y trabaja con el ingenio. Juega en «‘Tis pity...» al gran guiñol y en el brutal desenlace, muy gore, la sangre salpica. Pero antes ha sabido interpretar la aridez del texto en clave de humor para convertir esta tragedia en un montaje más próximo por momentos a su «Noche de reyes» que a la oscura «The changeling». Con el lecho convertido en elemento central, hace de Annabella una lolita en un cuarto de adolescente decorado con posters de «True Blood» y pone a bailar a los nobles italianos una conga al ritmo de una tarantela. Y nada sobra. Su talento para reinterpretar cada escena nos recuerda por qué sus visitas son cita obligada para los amantes del teatro.
Foto: Cheek by Jowl
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