«El fantástico Francis Hardy, curandero»

TRES VERSIONES DE LA VIDA

Autor: Brian Friel. Director, iluminación y espacio escénico: Juan Pastor. Producción y ambientación: Teresa Valentín-Gamazo. Reparto: Bruno Lastra, María Pastor y Felipe Andrés. Teatro Guindalera. Madrid.


El universo de Brian Friel sabe a «whiskey» –así, con e, porque éste es irlandés, no escocés– destilado en hogares rodeados por muros de piedra, y huele a acantilados y a tabernas. Es un viaje por vidas marcadas, que acaso pudieron haber sido felices, unidas a su idiosincrasia en una realidad no tan lejana en el tiempo aunque ya no retrate a la Irlanda de hoy. Pero el país de «Bailando en Lughnasa» sin duda tuvo personajes como «El fantástico Francis Hardy, curandero», que así se titula esta versión de «Faith healer» de la Guindalera.

El espacio madrileño de Juan Pastor y Teresa Valentín trabaja en unas coordenadas precisas que le dan un carácter especial: son una gran familia que hace teatro esencial con medios escasos pero un enorme amor y vocación. Con Friel mantienen una pasión de largo. Este estudio sobre la verdad repite una estructura que Friel probó en «Molly Sweeney», también vista en Guindalera: tres monólogos sobre un mismo recorrido vital, el del charlatán del título. Frank es una ser arrollador que arrastra en su vida desordenada y mesiánica –él está convencido de sus poderes sanadores que pasea por pueblos y ferias– a su entregada esposa y su fiel representante. Un episodio trágico, el nacimiento de su hijo muerto, le sirve al autor para dar voz a las diferentes formas en que una realidad puede vivirse y sentirse.

Es una pena que el fondo de la historia, con hermosa prosa y hábil construcción, no dé más de sí, y que el personaje de Hardy, en definitiva, tenga escaso empaque. Porque la manera en que Juan Pastor dirige este tríptico, elegante y exquisita, con tiempos bien medidos, con silencios adecuados y dejando respirar al actor, es ejemplar. Como su trío protagonista: Bruno Lastra, María Pastor y Felipe Andrés lo bordan como Frank, Grace y Teddy, respectivamente, con un derroche de emoción.


Foto: Bruno Lastra, como Frank (Foto de Teatro Guindalera)

1 comentario:

  1. A mí sin duda me encantó. Y el teatro (era mi primera vez en tan bella sala) me dejó con la boca abierta. Hay que luchar para que estos teatros no desaparezcan. Gracias por la crítica, un abrazo fuerte de María.

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