«El último jinete»

PERDIDOS EN EL DESIERTO

Libreto: Ray Loriga. Música: John Cameron, Albert Hammond, Barry Mason. Letras: Rangit Bolt. Arreglos: Chris Egan. Director: Víctor Conde. Director musical: Julio Awad. Decorados: Morgan Large. Vestuario: Yvonne Blake. Reparto: Miquel Fernández, Julia Möller, Marta Ribera, Toni Viñals, Carlos Solano, Guido Balzaretti, Leo Rivera, Víctor González, Elena Medina. Teatros del Canal.  Madrid, 4-XII-2012. 


«Nada está escrito», insistía El Orens, mesiánico desde su fijación por unir a las tribus de Arabia en una de las referencias confesas de Andrés Vicente Gómez, Ray Loriga y Víctor Conde. Productor, libretista y director de escena han viajado en «El último jinete» a las arenas del desierto con intención de recuperar el espíritu de aventuras del Hollywood clásico en un nuevo musical con pedigrí español. Una empresa ambiciosa en la que nada estaba escrito: se podrían haber compuesto grandiosas partituras de sabor épico –qué duro ver en el mismo día la adaptación cinematográfica de «Los miserables»– y canciones memorables, podría haberse soñado una historia heroica y sólida. ¿Dónde están? Barridas acaso por el viento del desierto. ¿Tiene sentido estrenar una producción que aspira a instalarse en Londres con una aportación musical tan endeble, por mucho que la firmen John Cameron, Albert Hammond y Barry Mason? Cuesta encontrar un solo número pegadizo, una canción original, un tema que no recuerde a los casettes de carretera de Pimpinela o a cualquiera de los musicales de saldo que pasan de puntillas por la cartelera con mucha menor ambición. En el primer número, el del mercado, el musical parece querer despegar, pero pronto se hunde en arenas movedizas y desaparece el resto de la función, por más que su esforzado trío protagonista, Miquel Fernández, Marta Ribera y Julia Möller, demuestre una vez más sus cualidades para el género. Así, aunque la producción se esmere –escenografía y vestuario pueden ser discutibles, pero sin duda son más que dignos–, al cabo, ¿qué es un musical sin música?

Las intenciones del libreto de Loriga, por otra parte, son tan loables como desastroso su resultado. Langostas y camellos parlantes se mezclan con luchas de espadas, beduinos, ladrones y hasta Jack el Destripador en un batiburrillo que no acaba de tomarse en serio a sí mismo. El humor es necesario hasta en el musical más tremendista, pero en este viaje moruno decimonónico todo parecen parches precipitados.


Foto: Miquel Fernández, en el musical (foto de Jaime Villanueva)

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