LA AMISTAD EN LOS TIEMPOS DE CÓLERA
Autor: J. Steinbeck. Versión: J. Caño Arecha y M. del Arco. Dirección: M. del Arco. Espacio escénico: E. Moreno. Iluminación: J. Llorens. Reparto: F. Cayo, R. Álamo, I. Escolar, A. Canal, J. Bengoetxea, E. Velasco, D. Toucedo, E. Buale.... Teatro Español. Madrid. ★★★★
«De ratones y hombres» admite dos lecturas: una es la fotografía de la Gran Depresión americana –¿la Europa actual?– y otra es el elogio triste de una amistad, un lazo de sangre que a George le gustaría romper, pero al que se aferra en un acto de sacrificio. George es un padre y un hermano para el deficiente Lennie, un gigantón con la mente de un niño; el primero aporta el cerebro y el sentido común, el segundo, el músculo; juntos vagan de plantación en plantación levantando sacos y soñando con un futuro en el que la felicidad es una pequeña granja.
Autor: J. Steinbeck. Versión: J. Caño Arecha y M. del Arco. Dirección: M. del Arco. Espacio escénico: E. Moreno. Iluminación: J. Llorens. Reparto: F. Cayo, R. Álamo, I. Escolar, A. Canal, J. Bengoetxea, E. Velasco, D. Toucedo, E. Buale.... Teatro Español. Madrid. ★★★★
«De ratones y hombres» admite dos lecturas: una es la fotografía de la Gran Depresión americana –¿la Europa actual?– y otra es el elogio triste de una amistad, un lazo de sangre que a George le gustaría romper, pero al que se aferra en un acto de sacrificio. George es un padre y un hermano para el deficiente Lennie, un gigantón con la mente de un niño; el primero aporta el cerebro y el sentido común, el segundo, el músculo; juntos vagan de plantación en plantación levantando sacos y soñando con un futuro en el que la felicidad es una pequeña granja.
Juan Caño y Miguel del Arco atinan en destilar la esencia del libro de John Steinbeck y dotarle de vida escénica, empezando por acercar el habla del mediooeste americano de los años 30. Aunque quizá el gran reto de este montaje era enfrentar a Miguel del Arco, aplaudido por «La función por hacer» y «Veraneantes», a otro tipo de producción. Deconstruir a Pirandello y Gorki en versiones libérrimas le dio un amplio margen y fomentó una complicidad única con sus repartos. Con este montaje, un encargo y además de época, Del Arco debía demostrar una soltura similar pese a las limitaciones. Con los espectadores dispuestos a la italiana, los actores están bien dirigidos, el ritmo sostiene la historia y la propuesta estética es clásica, pero funcional: el espacio escénico de Eduardo Moreno recrea bosques oscuros y barracones mugrientos jugando con cintas transportadoras. Con todo, se echa en falta ese algo intangible, esa magia actoral tan especial que hizo inolvidables los éxitos de Del Arco y definió un estilo. Esto es otra cosa.
En cualquier caso, el trabajo del conjunto actoral es notable. Brillan Fernando Cayo –su George, de lo mejor que ha hecho, está contenido pero cargado de desesperación– y Roberto Álamo, que convierte a Lennie en otro atracón de vitaminas teatrales; todo fuerza escénica, Álamo se transforma, físicamente incluso, en un alma pura cuyos arranques de ternura o rabia devoran el escenario. Irene Escolar avanza otro paso en una carrera cada día más sólida: da forma con exactitud a la aburrida y provocadora recién casada. Junto a ellos, un puñado de papeles menores pero cargados de emoción, desde los braceros toscos de Eduardo Velasco y Josean Bengoetxea al viejo Candy de Antonio Canal o el mozo de cuadras de Emilio Buale, dos personajes que, como George y Lennie, definen la cara polvorienta del sueño americano.

Sin duda, es de lo mejorcito que he visto este año. Pocas cosas llegan a Sevilla y pocas con esta intensidad dramática, este elenco y esta puesta en escena e iluminación que, para mí, fueron sobrecogedoras.
ResponderEliminarFelicidades por el blog.